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Una lección en el bicentenario de la independencia

Especial Bicentenario
Olga Merino

El Periódico

Viernes 22 de julio de 2010

A sistí el lunes al estreno, en el Grec, de
Bolívar: fragmentos de un sueño, de los colombianos William Ospina (texto) y Omar Porras (adaptación y puesta en escena), una chispeante reflexión sobre la figura del Libertador en este año en que varios países de América Latina celebran el 200º aniversario de la independencia. En la madrugada tropical, bajando la falda de Montjuïc hacia el Paral.lel, reparé en el escaso interés que la efeméride despierta a este lado del charco y en lo mal que nos explicaron cómo las naciones del Nuevo Mundo se liberaron del cepo mordiente de una madrastra llamada España. Los manuales del bachillerato despachaban el asunto de un plumazo Simón Bolívar por el norte, San Martín por el sur–, y en lugar de utilizar la palabra independencia empleaban emancipación, que adolece de cierto sesgo paternalista.

Hoy el Libertador es una estatua hueca, cagada de palomas, en cada pueblo del continente, al tiempo que la herencia de su pensamiento resulta falseada, como si hubiera sido un loco iluminado, por caudillos que descuellan en el arte de la demagogia. Lo que son las cosas: el venezolano Hugo Chávez recibe mañana en Caracas los despojos de Manuelita Sáenz, la amante del general, para enterrarlos con pompa y circunstancia en la misma tumba que el prócer latinoamericano.

Bolívar, pensador y hombre de acción, murió de tuberculosis a los 47 años, en la pobreza absoluta y con una terrible sensación de fracaso, de haber dedicado su vida a arar el mar. Quizá ese es el destino de los hombres que se adelantan a su tiempo. De haber nacido en París o en Burdeos, puede que sus escritos políticos compartiesen anaquel con las obras de los enciclopedistas. Hacia el final de Carta de Jamaica, escrita en 1815 en el exilio caribeño, dice: «Cuando los sucesos no están asegurados, cuando el Estado es débil y cuando las empresas son remotas, todos los hombres vacilan, las opiniones se dividen, las pasiones las agitan y los enemigos las animan para triunfar por este fácil medio». Qué texto tan actual y certero en estos tiempos.