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Cien años después

Especial Bicentenario
El Espectador (Colombia)
Por: Santiago La Rotta


El parque que se levantó con el orgullo del primer centenario de Independencia.

El reloj dio las 9:00 p.m. Sonó un golpe metálico, fuerte y claro, y al instante el Parque de la Independencia se prendió con el fulgor de la luz eléctrica que lo iluminó todo: los pabellones de la Industria, las Máquinas, el Egipcio, el de Bellas Artes, los quioscos de la Luz, la Música y el Japonés. Los nuevos edificios brillaron ante la mirada atónita y llena de orgullo de cerca de 40 mil bogotanos que se congregaron esa noche para ver la Exposición del Centenario, el 20 de julio de 1910.

La ley ordenaba que las celebraciones de los primeros 100 años de vida republicana comenzaran a planearse con antelación. Para eso fue expedida la Ley 39 de 1907. Como sucede con estos temas, una comisión fue conformada, una comisión que sería reorganizada en 1909, bajo el mandato del presidente Ramón González Valencia, quien recibió el poder de Rafael Reyes, que renunció a la presidencia a mediados de 1909, apenas un año antes de la celebración.

La Exposición del Centenario, mejor conocida como la segunda Exposición Agrícola e Industrial, pretendía celebrar no sólo el grito de Independencia, sino el avance técnico y económico que el país había alcanzado en sus primeros 100 años de vida en libertad. Para eso se comisionó la construcción de varios pabellones, todos ellos debían ser llenados con los mejores avances del momento, como si se tratara de un circo del progreso.

Lo primero fue la elección de los terrenos. En las discusiones de la comisión del centenario se mencionó un terreno en el sur de la ciudad, pero la idea fue desechada rápidamente por la distancia del terreno y por intereses menos técnicos y más encumbrados de la alta sociedad que componía la comisión de aquel entonces.

Muy presto a ayudar se mostró el señor Antonio Izquierdo de la Torre, dueño de los terrenos aledaños al Parque de la Independencia, en los que se realizó la primera Exposición Agrícola e Industrial, en 1907. Izquierdo de la Torre le ofreció a la comisión el lote conocido como el Parque Hermanos Reyes o el Bosque Reyes. La unión de este último con el primero conformó lo que sería definitivamente el Parque del Centenario o de la Independencia. Según algunos, el lote fue entregado a la ciudad por Izquierdo, otros dicen que el Estado lo expropió. En todo caso, negocio no hubo.

“El Parque fue tal vez el primer lugar en donde se hizo un diseño de jardines contratado. El encargado de ejecutarlo fue el primer inmigrante japonés que hubo en Colombia, que a su vez introdujo especies vegetales nuevas en el paisaje bogotano”. El ciudadano japonés al que hace referencia Gabriel Pardo, director del Instituto Distrital de Patrimonio y declarado entusiasta del Parque, es Tomohiro Kawaguchi, según los registros de la época. Pardo explica que este emblemático lugar de la capital fue el primer hogar de algunos monumentos representativos que, con el correr de los años, han sido trasladados a otros puntos de la ciudad.

Los pabellones (Industria, Máquinas, Egipcio y Bellas Artes) fueron construidos con aportes del Gobierno Nacional y de los ciudadanos del común. Tanto así que, en algún momento, las directivas de la comisión tuvieron que salir a decir a los medios de comunicación que si la ciudadanía no colaboraba, los trabajos de construcción del Pabellón Egipcio deberían paralizarse en cualquier momento.

La construcción más grande era, sin duda, el Pabellón de la Industria, con 54 metros de fondo por 25 de frente, cuyo diseño estuvo a cargo de los arquitectos Mariano Santamaría y Escipión Rodríguez. En este edificio se exhibió la producción de las principales empresas textiles, farmacéuticas y un grupo conformado por talabartería, zapatería y carpintería. Después de la Exposición, el edificio fue usado como pista de patinaje y sitio de práctica para boxeo, esgrima, tiro al blanco y gimnasia. El pabellón fue demolido en 1915.

Los años no sólo se llevaron la mayoría de los monumentos del lugar, sino también los pabellones y los jardines que diseñó Kawaguchi. De las construcciones principales (Industria, Máquinas, Egipcio y Bellas Artes) no queda nada, sólo los cimientos, sepultados bajo la tierra del tiempo y la remodelación urbana, según le reveló un escáner de profundidad a Pardo. El único quiosco que sobrevivió fue el de la Luz, que en su momento fue la primera construcción en cemento del país. Erigido por Cementos Samper, albergaba en su interior el transformador y la maquinaria necesaria para dotar de energía eléctrica a la Exposición del Centenario de forma gratuita; solamente mientras duraban los festejos patrióticos, eso sí. El quiosco fue restaurado en 2006 y hoy en día, según Pardo, sirve como Punto de Información Turística.

Hoy por hoy, el Parque de la Independencia (ubicado entre la calle 26 y las Torres del Parque, y entre las carreras quinta y séptima) sigue siendo punto obligado del paisaje bogotano, más aún con su conveniente cercanía a la Biblioteca Nacional, el Museo de Arte Moderno de Bogotá, el Planetario de Bogotá y las Torres del Parque, bellamente integradas al espacio por el arquitecto Rogelio Salmona. Los antiguos monumentos fueron reemplazados por un pequeño escenario al aire libre, un bello carrusel y jardines, aunque no japoneses.