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La ciudad de los colombianos

Especial Bicentenario
El Espectador (Colombia)


Apareció la segunda llave que abre la urna centenaria. Entrevista con Yuri Chillán, secretario general de la Alcaldía.

¿Cómo van los últimos preparativos para celebrar el Bicentenario?

Bien. Nosotros no queríamos hacer una serie de festejos desarticulados. Por eso la primera decisión que se tomó fue la conformación de una comisión del Bicentenario en la que participan varios intelectuales. En estos dos años construimos la propuesta, que tiene tres ejes. El primero, que nos diera la posibilidad de hacer una reflexión profunda sobre la ciudad que teníamos, que tenemos y la que vamos a dejar hacia el futuro. El segundo elemento es el componente artístico, porque el mejor vehículo para llevar las ideas a la gente es el arte. El tercero es lo que tiene que ver con lo social. Hacer una celebración del Bicentenario no tiene sentido si no está la gente. Todo esto tiene un altísimo componente de participación ciudadana, cosa que nos enorgullece mucho.

De todas las actividades de conmemoración, ¿cuáles le llaman más la atención?

Me causa mucha satisfacción que podamos abrir la urna centenaria respetando las instrucciones originales dejadas por el Concejo de 1911. Ya habíamos encontrado una de las llaves que la abría y justamente me acaban de informar que la segunda llave ha sido hallada. La apertura se va a hacer cumpliendo los designios de los concejales, con la presencia del Presidente de la República, el Alcalde, el cardenal y el presidente del Concejo. Se va a hacer en el Archivo de Bogotá a las 7:00 a.m. En el momento de la apertura va a haber químicos y especialistas en preservación de documentos, pues como llevan 100 años sin recibir aire ni luz, debemos tener un especial cuidado con ellos.

¿Cómo va a ser la celebración en la Plaza de Bolívar?

Es una actividad en la que vamos a integrar diferentes artes con mapping, que es la proyección que se hace sobre fachadas de edificios públicos. En el evento vamos a utilizar los cuatro costados de la Plaza de Bolívar para hacer nuestras proyecciones. Todo va a durar 52 minutos. Creemos que es una manera especial de hacer un festejo nacional e incluyente desde el sitio en donde comenzó todo el movimiento de la Independencia.

¿Qué hay de las obras que se realizan con motivo del Bicentenario?

Me gustan varias. Una es el edificio de la Alcaldía, que se construye con un esfuerzo enorme que hicimos pare encontrar los recursos, y que sirve no sólo para modernizar la administración pública, sino para darle un nuevo aire a una parte muy importante de La Candelaria. La segunda que me gusta mucho es el Parque del Bicentenario, que es la continuación del de la Independencia: una plataforma que va encima de la calle 26, entre las carreras quinta y séptima. Ya contamos con los diseños definitivos aprobados y esperamos tenerlo concluido el próximo año. También está el Centro de Memoria y Reconciliación, en el Parque Tercer Milenio, un edificio construido alrededor del trabajo que hacemos de reconocer el dolor y el hecho de que somos una sociedad que no ha sabido negociar sus diferencias.

¿Cuánto invirtió la ciudad en el Bicentenario?

El edificio de la Alcaldía vale $39 mil millones, el Parque cuesta alrededor de $30 mil millones, el Centro de Memoria y Reconciliación tiene un valor de $13 mil millones, los festejos y las diferentes actividades están alrededor de $6 mil millones y hay más cosas, como todo el tema de reforzamiento de las casas gemelas, en las que se invirtieron $3 mil millones. Es un gasto fuerte. Sólo en la fiesta del martes en la noche invertiremos cerca de $3 mil millones. Ahora, cuando la gente critica este tipo de cosas yo les digo, “Hombre, eso es como cuando usted hace la fiesta de su cumpleaños, sólo que es el cumpleaños de la tierra que le permitió nacer, la que le dio una nacionalidad, una lengua, una religión, todo el conjunto de cosas que lo han hecho un ser humano”. A mí me parece que este Bicentenario es importante porque nos da la posibilidad real de renovar los vínculos con una tierra, con un país, de soñar la posibilidad de ser distintos y, sobre todo, de construir un tejido social.